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Fotografía: Alejandro del Estal ©


‘Vacaciones en el Campo de Batalla’ (Retrológico, 2016)

El día que salimos al recreo

acercamos el mechero a la pólvora que inventamos,

fabricamos montañas para alcanzar las nubes

y siempre saltábamos al vacío mientras soñábamos

 

 

Cuando celebrábamos los cumpleaños

buscábamos la piñata con palos de ciego,

jugábamos al escondite en el extranjero

y subimos al tren que los demás perdieron.

 

 

Desde que la victoria fue amarga

volvimos a casa en el coche de línea,

permutamos la casa por el terreno

y tratamos de trucar las medias tintas.

 

 

No os engañéis… el detalle es invisible

y la venganza amable;

la excusa candente y el frío dominante.

Una adorable y dictatorial palabra cariñosa:

la ‘Cara B’ del baile de fin de curso.

 

 

Y lo peor de todo es que nunca aprendimos,

pero pasábamos desapercibidos si aprobábamos los exámenes.

Seamos positivos. ¡Estiremos el dedo índice!

Ya sea para mandar callar o pedir nuestro turno.

y, ¿por qué no ambas?

 

 

Supongo que es como llegar puntual a última hora;

como ver el avance informativo en diferido mientras refrescamos continuamente las actualizaciones.

 

 

Llegados a este punto, y si me permitís la disponibilidad que otorga la velocidad de crucero:

 

 

Mentiremos con piedad si suspiramos por un menú del día,

y espero que la evidencia sea una mochila repleta de magnitud desproporcionada.

 

 

Teniendo en cuenta que estamos condenados:

 

 

Seguid el circo, cabalgad en caballos de madera

o reestructurad la normas a pie de guerra.

 

 

Dejémonos de películas:

 

 

Siempre que aspiremos a ser vecinos en la gran pantalla,

estaremos de Vacaciones en el Campo de Batalla

 

 

Bienvenidos.

 

 

 

Gustavo Redondo